miércoles, 19 de diciembre de 2012

YO ACUSO DE ALTA TRAICIÓN CONTRA EL PUEBLO DE MARMOLEJO.



CON LA QUE ESTÁ CAYENDO, EL QUE PUEDA ARRIMAR EL HOMBRO Y NO QUIERA, NO TIENE PERDÓN DE DIOS Y TRAICIONA A SU PUEBLO.

Dicen que dios creó al hombre a su imagen y semejanza, esa afirmación se las trae, viendo lo visto no se sabe ya a ciencia cierta, de quien será la culpa de este carácter tan típicamente humano, o divino habría que decir, que demasiadas veces prefiere sacar hacia los demás lo peor de cada casa, bien aduciendo motivos defensivos ante falsas ofensas o como táctica interesada para conseguir cualquier cosa que termina no mereciendo la pena.

El caso es que el hálito que dicen que nos infundió el creador o la suerte nos infiere muchas malas costumbres y otras lindezas que algunos se esfuerzan en exhibir orgullosos de sí mismos. Pobres diablos. No en vano dicen que errar es humano y... perdonar divino.

Aunque aquí, en Marmolejo, hemos llegado a un límite en el que no hay perdón de dios. Partimos de una realidad irrefutable: Estamos en medio  de la peor crisis que se recuerda, las cosas están como están, en lo social, económico y laboral, son como son, hay que reconocer la realidad, no olvidar sus causas y culpables, y saber enfrentarse a sus consecuencias. Y este es el motivo inexcusable, primordial y único por el que no tenemos perdón de dios si no arrimamos todos el hombro,  si no nos quitamos los muñecos de la cabeza, trabajamos a lomo lleno por nuestro pueblo, en definitiva por nosotros, por las siete mil y muchas almas que vivimos en Marmolejo, por las dos mil familias que componemos la comunidad marmolejeña, ya que en definitiva formamos una sola, y miramos cara a cara a la ruina que nos han dejado, trabajando juntos, dando el 110% de nosotros mismos, de nuestro esfuerzo e imaginación. Y esto no es alarmismo, sino la pura realidad.

En los años de bondad, las decisiones políticas se pueden permitir un margen de maniobra, de error, hay tiempo para demagogias y experimentos, se puede pensar en estrategias, disimular y dar vueltas mareando la perdiz, esperando oportunidades más propicias, pero cuando los tiempos son difíciles, como ahora, este margen se acorta, hasta anularse si se agrava la situación como es el caso. Por eso solo puede haber una única dirección que nos podamos permitir, un único sentido para los actos y las políticas, la de aprovechar todas las oportunidades y cada minuto por el bien común, la de calcular cada paso para que sea productivo, la de la suma de voluntades, la del ahora y todos juntos o nunca, la del inconformismo con la mala estrella de la crisis, la contraria al derrotismo...

Si es verdad que crisis significa oportunidad y cambio, entre todos tenemos una oportunidad única de procurar cambiar la catastrófica situación y de enfrentarnos a todos los problemas, sin prejuicios y con la convicción de que estaremos haciendo lo correcto, cumpliendo con nuestra obligación más allá de partidismos, de intereses personales o de distracciones estratégicas absurdas.

No nos equivocamos si valoramos la situación actual de extremadamente delicada y susceptible de empeorar, según todas las previsiones, en las familias hay carencias económicas que la mayoría de los marmolejeños están viviendo por primera vez, en el ayuntamiento, las deudas heredadas son abrumadoras, suponiendo en la práctica un obstáculo monstruoso para el desarrollo municipal, determinado que la simple supervivencia de la administración local y el mantenimiento de los servicios esenciales habrá de pasar por una adaptación delicada pero necesaria, habrá que hilar muy fino, trabajar duro, optimizar todos los recursos, mover Roma con Santiago y conseguir la ayuda y complicidad de la sociedad marmolejeña para capear el temporal y alejar al mismo tiempo el fantasma de la exclusión social de entre los más desfavorecidos y castigados por la crisis.

Hasta aquí estamos de acuerdo de que Marmolejo es cosa de todos, que tenemos que implicarnos todos en la normalización económico social y el avance hacia el futuro, pero hay que ser francos y hablar claro, los primeros que deben implicarse son los políticos y el personal de la administración local. La lucha contra el paro, la exclusión y los efectos de la crisis pasa por la implicación de las personas que han sido elegidas para representar al pueblo y las que trabajan a sueldo para atender y dar servicios públicos a los ciudadanos. Sería intolerable que políticos y personal del Ayuntamiento se desentendieran del sacrosanto deber de cumplir fielmente con la sociedad y la labor encomendada. Sería imperdonable que unos y/u otros se dedicaran a cualquier cosa que no fuera sacar el máximo rendimiento a la gestión municipal  o intentaran dificultarla.

En cuanto a los trabajadores municipales, (siempre hipotéticamente), sería intolerable que no cumplieran fielmente su cometido, que estuvieran en contra de optimizar la administración y los recursos, que se dedicaran a defender posturas políticas en lugar de cumplir con su trabajo, que boicotearan la labor e imagen del gobierno local, tratando con desden a los vecinos o dándoles informaciones incorrectas, alargando trámites innecesariamente o extraviando documentación, haciendo mal uso de los bienes de todos o prestando un deficiente servicio... estas y otras conductas, en los tiempos que corren, no se podrían considerar simples malas costumbres, expresiones de descontento o inconformismos, falta de atención o interés en el trabajo, estas actitudes conforman un delito grave contra el pueblo y solo buscarían llegar a una situación de desgobierno intolerable e inaceptable. Que si bien el objetivo pueda ser perjudicar la imagen del Equipo de Gobierno, lo que se consigue es un acto de insolidaridad y grave perjuicio para los ciudadanos, lo que yo calificaría de traición al pueblo de Marmolejo, quien hace o hiciere esto no se merece estar cobrando un sueldo a costa de todos, mientras muchos marmolejeños están en paro y pasando mil fatigas. Putear al pueblo no debe de ser gratis y ni mucho menos tener como premio un empleo público por la cara. En Marmolejo, por lo menos, no.

Si me he permitido estas palabras, quizás duras, pero necesarias, es porque me salen del alma, no puedo con la injusticia desde las instituciones, se quien sea el que las cometa, sea el funcionario incumplidor, corrupto o indolente o el político aprovechado, caciquil, inmoral o que quiera pervertir el sistema en su beneficio. Entiendo todos estos supuestos como objeto de tolerancia cero por cualquier comunidad que se precie, verdaderos cánceres sociales a extirpar, a los que no hay que dar tregua, ni tiempo de gracia, ni beneficio de la duda, ni explicación más allá de enseñarles donde está la puerta. No es de recibo que cuando hay mala praxis en cualquier cargo dentro de la empresa privada haya mecanismos para corregirlos y en la gestión pública sea gratuito e incluso recompensado y muy difícil de gestionar en contra de estas conductas en empleados públicos, no digamos en cuanto a cargos electos.

Por ello, no entiendo la indignidad en los políticos, la falta de vergüenza torera, de no querer saber cuando llega su hora, cuando se han pasado de rosca y cuando tienen que dimitir. Aún rondan por ahí los socialistas marmolejeños, protagonistas de mil gestos y negocietes, de chanchullos diversos a lo largo de años de impunidad y alegalidad, amenazando que volverán, pregonando que hay listas negras con las que purgarán la sociedad marmolejeña a su regreso, intimidando a timoratos incautos y crédulos, intentando demostrar a la justicia que el malo era siempre otro, que ellos simplemente pasaban por allí y a la sociedad que les queda cuerda para rato. Por el bien de todos espero que no sea así, Marmolejo no aguantaría otro saqueo. Yo acuso a estos de alta traición al Pueblo de Marmolejo.

Aplicando la misma regla de tres, hay mucho Traidor contra el Pueblo suelto, cualquier político que pudiendo, no quiera trabajar; todo el que, con la que está cayendo, esté más interesado en sacar tajada política que ayudar al pueblo. Me cisco en las mulas del gestor que ponga condiciones particulares a arrimar el hombro y precio a su colaboración en la gestión, de quién tenga más prejuicios que vergüenza, del que haya sido elegido para representar al pueblo y solo se represente a sí mismo, sea quien sea. Me indigno cuando se hace lo posible e imposible por ralentizar la acción de gobierno esperando tiempos mejores, porque esperar es un lujo para quien no tiene nada, hay que comer todos los días y vestirse y atender las necesidades más básicas de las familias. Hay que ser un cobarde para ver a los demás políticos y al pueblo, codo con codo en las trincheras y no aparecer o pedir prebendas para hacerlo. Hay que no tener entrañas para poner condiciones a la ayuda humanitaria, en tiempos de necesidad. Hay que ser un desalmado para ver desangrarse la sociedad y solo pensar en como se le puede sacar partido. Solo los inadaptados chantajean con romper la pelota si no se juega según sus propias reglas y solo los imbéciles e idiotas se creen en posesión de la verdad absoluta y en su nombre, queriendo ser más papistas que el papa pisotean a todo el que está a su al rededor. A veces, hay que ser muy cortito para creerse un genio, y el más recto da los pasos más torcidos. Hay que ser muy ciego para no ver que la coyuntura actual no da margen para perder el tiempo en melindres. Y hay que ser muy necio para creerse hoy que si el que está trabajando cae, eso pueda beneficiar a nadie. La mezquindad no tiene premio.

En cualquier caso, hablar claro no creo que perjudique a la verdad, más bien la fortalece. A veces clamar contra la necedad de cuatro, tres, dos o un iluminado que complican la vida a los demás en interés propio, no es clamar en el desierto. Rebelarse es lo que nos queda, la fidelidad a la causa del pueblo con honestidad, la cabeza alta y las ideas muy claras.

Salud y memoria.




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