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jueves, 20 de noviembre de 2014

Marmolejo se merece una oportunidad.

Ni dios, ni amo: ni dinero perdiéndose, ni políticos corruptos, ni limosna por la puerta falsa, ni  amos del cortijo, ni lacayos, ni salvapatrias, ni palmeros, ...


Son tiempos en los que se impone la reflexión. No coincido con los que piensan que lo que está pasando ahora en España se simplifica en la consideración de que alguien, de rebote,  ha dado con la tecla, ha accionado una suerte de resorte que ha disparado el hartazgo y el cabreo reprimido y comprimido durante años en el común de los vecinos. No coincido. No es solo eso, esa flauta no ha sonado por casualidad, sino por pura necesidad.

No coincido, discrepo con los que consideran, a los nuevos movimientos políticos y sociales, solo una moda. Ya que obviamente son algo nuevo, pero la idea sobre la que emergen y se sustentan es vieja, tan vieja como el hombre, tan vieja como la represión y la esclavitud, tan intemporal como la libertad y tan brusca como  el mazazo que sacude y rompe las cadenas. Sí se puede.

Sí se puede, porque en su día se pudo, y como en su día se pudo, conquistar la dignidad y el espacio vital mínimo en el que ser personas y no vegetales, espectadores, palmeros o marionetas, desde el que establecer una cabeza de puente que nos permita luchar contra los que nos roban tantas y tantas cosas. Se pudo y se podrá.

Se pudo en Marmolejo  y se puede en cualquier sitio que haya hombres y mujeres dispuestos a convivir y sacrificarse, luchar y construir, los nombres son lo de menos, nos conocemos todos, las siglas también van y vienen, pero la idea es vieja, auténtica y heredada, y solo puede anidar en el corazón, hay que cuidarla, protegerla y, sobre todo, llevarla al día a día . Por eso el futuro es de los que tienen corazón, vergüenza y saben escuchar.

El futuro es de los que luchen, de los que despierten, de los que ya no quieran que nadie hable en su nombre, sino que pidan, exijan la palabra, de los que tengan siempre algo que decir en  su barrio, en su calle, entre los suyos y en su Pueblo. El futuro en Marmolejo es de los que tengan las manos limpias, de los que piensan más en servir que en servirse y en dar que en rapiñar, y sobre todo de los que tengan verdaderamente las ideas muy claras: "Ni dios, ni amo".

Ni dios, ni amo: ni dinero perdiéndose, ni políticos corruptos, ni limosna por la puerta falsa, ni  amos del cortijo, ni lacayos, ni salvapatrias, ni palmeros, ni demagogos mitineros, ni nada que se deba, ni nadie que reclame favores... y vuelvo a decir que no hay que dar nombres, porque aquí nos conocemos todos. La dignidad del pueblo no está en venta, no se crea nadie que las elecciones son un mercadillo en el que se compra para cuatro años la decencia, el orgullo y la nobleza a precio de saldo, con treinta promesas de plata y un beso falso, cobarde y traidor, pidiendo y exigiendo el voto en nombre y memoria de quienes nunca se llegará a la altura de la zuela de sus zapatos. Ni Marmolejo, ni la grandeza de los vecinos está en venta, ni nuestra historia, ni nuestros ancestros debe de manosearse nunca más, y especialmente por personajes tan impúdicos e infames... Aquí nos conocemos todos.

En Marmolejo, en este Marmolejo humilde y a la vez de corazón fuerte, ahora empiezan a brillar con luz propia muchos vecinos, antaño velados por la sombra, y hoy portadores de la luz imprescindible que son las ideas. Esas IDEAS que, como una semilla, enseguida agarran y cuajan en la fértil disposición de los vecinos, una vez desaparecido el miedo, son la seña de identidad y la impronta que ha de despejar el camino y las dudas que todavía pudiera haber, sobre si se puede, si estamos a tiempo, si este es el paso definitivo, si somos capaces, si Marmolejo tiene futuro..., que nadie lo dude, SÍ SE PUEDE, y está más cerca de lo que pensamos, en realidad, está en nuestras manos.

En las manos de todos, en las de las mujeres y hombres de Marmolejo, en las de aquellos que nos llegamos a sentir "don nadies", en las manos que antes solo eran requeridas para votar y callar, hoy está la fuerza y la obligación de ponerse a trabajar, a participar, a opinar, a construir y velar porque se estabilice y evolucione este cambio definitivo en la dirección correcta; la que lleva a cada casa, cada calle, cada barrio y cada vecino.

Es hora de pensar, de reflexionar, de elegir, si nos quedamos fuera, una vez más, y lo dejamos todo en manos de  los de siempre, que volverán a llamar a nuestras puertas para pedirnos que sigamos siendo sus marionetas y les regalemos esa joya que es el voto y la cadena de oro que la sujeta que es nuestra libertad y dignidad;  o, por el contrario, somos capaces de tomar las calles, las plazas y la soberanía diaria y participativa que nos corresponde por derecho y que tanto nos negaron en el pasado.

Marmolejo, la suma de los vecinos, sus capacidades y proyectos, se merece una oportunidad, que nos dejen vivir en paz y decidir por nosotros mismos, si se la negamos volveremos a de  donde tanto trabajo nos ha costado salir, volveremos al absurdo de tener a los zorros dentro del gallinero. Sería imperdonable que ahora que empezamos a enderezar lo público y recuperarnos de la sangría, los excesos y los privilegios, volviéramos a caer en la trama organizada que administra solo en su propio beneficio.