Tendrían que vender los rabillos de pasas por arrobas.
Tener memoria, no es vivir en el pasado, ni negar el futuro. No es regodearse en los errores pretéritos ni tapar la salida hacia un porvenir ilusionante, precisamente el conocer y recordar el pasado, nos garantiza el no repetir sus carencias, fallos y meteduras de pata. Por eso me extraña como, cada día más, va fallando la memoria selectivamente y, lo que es peor, se intenta colectivizar esos lapsus borrando episodios enteros de la historia reciente. Esto no puede llevarnos a ningún lado.
En ciertos círculos es un verdadero problema intentar recordar al personal lo que hasta hace dos días era la irrefutable realidad que nos rodeaba. Parece que hoy ya no es de buen gusto recordar la palabras que ayer se decían alto y fuerte, ni rescatar consignas políticas básicas que todos coreábamos y hacíamos nuestras, y todo sola y únicamente porque se obvia, se olvida esas palabras y circunstancias que hace dos días eran útiles y hoy incomodan, no vienen a cuento y se intentan guardar en el trastero del subconsciente, hasta perder su rastro.
Que cosa más interesante es el papel que juega la memoria, lo real y lo ficticio en la vida pública, en la política y la voracidad con la que se come los tiempos, las personas, las palabras y los hechos, lo que no se dice simplemente no ha pasado, quién no se mienta no existe, lo que se augura que ha de venir es urgente y perentorio, la promesa es real, ilusionante y diaria, es lo que cuenta, lo que da confianza y trae votos, los hechos son otra cosa, según se miren, son aplazables, relativos, subjetivos y manejables en el tiempo y el espacio, y sobre todo son revisables, se puede renegar de ellos o son cuestionados cuando son incómodos.
Por supuesto que no hay nada comparable a una buena promesa que excite la imaginación y nos haga soñar con lo que nunca tendremos. Luego llega el pragmatismo, la realidad, se pierde brillo, los colores se apagan, las cosas no son como las pintan, todo es más difícil, se pasa al mundo de lo tangible, y parece que falta algo, ahí es donde la política empieza a imitar a la naturaleza y la solución que se aplica es sencilla, barata y efectiva, cortar y pegar. Toda la vida de dios se ha hecho, nosotros lo hacemos contínuamente en nuestras vidas, la mente humana cuando no puede almacenar más información, simplemente la desecha y olvida, es un mecanismo de defensa de siempre contra el estrés y la saturación de datos en nuestro cerebro, los lapsus entonces son incluso beneficiosos, y lo mas curioso es que se empieza por olvidar las cosas pequeñas y se sigue por los temas desagradables. Es sabido que la mayoría de las personas tienden a recordar solo los sucesos agradables de algunos periodos de su vida, como pasa con las vacaciones, los viajes, la mili... que cuando se habla de ellos solo hay anecdotas agradables y es que lo malo se olvida pronto.
Algo así se pretende que le suceda a la sociedad actual, en Marmolejo y en Andalucía, algunas personas pretenden que se elimine del acervo popular y la memoria colectiva, como si de un ordenador se tratara, los datos menos agradables para ellas, los sucesos más escabrosos y las manifaestacones más comprometedoras. Pero no va a ser así, no puede ser así, porque sin memoria no hay justicia, sin memoria no hay dignidad y sin memoria, sobre todo, no hay futuro.
Asumiré mi papel de toca huevos, pero sé que como yo hay cientos de miles, y seguiré recordando a los dirigentes de IU en la Junta, sus palabras de hace solo unos días cuando decían que los socialistas de la Junta eran unos corruptos, que con ellos no se podía ir a ninguna parte, cuando había mil y un motivos para alejarse del bipartidismo, cuando el Psoe y el PP eran las dos caras de la misma moneda, cuando ambos eran los culpables de hacer las mismas políticas neoliberales y de meternos en la ruina que tenemos, cuando ellos eran culpables del paro y de los recortes sociales, cuando ellos eran la mano derecha e izquierda de los mercados, cuando nada bueno se podía esperar de ellos, cuando había que rebelarse, salir a la calle y convencer uno por uno a nuestros vecinos que nosotros éramos los únicos que teníamos las manos limpias, las ideas claras y el pensamiento y el corazón en la izquierda, cuando el clamor en los mítines era NO al PP y No al Psoe, cuando clamábamos por una ley electoral justa que nos pusiera en nuestro sitio y ese sitio no era otro que ser el tercero en discordia, la tercera fuerza política de España, independiente, luchadora y adalid de la Verdadera Izquierda Transformadora. Así lo creímos cientos de miles de afiliados, simpatizantes y votantes en Andalucía y ASÍ LO SEGUIMOS CREYENDO, nosotros no hemos cambiado, seguimos siendo los mismos y queriendo lo mismo para nuestra tierra, a nosotros no se nos ha olvidado nada, a Cayo, Diego y compañía si. Y como ellos son menos y son ellos los que han cambiado el discurso y los que han querido olvidar, antes o después tendrán que volver y dar cuentas.
En cuanto a Marmolejo, también hay que tener memoria, sobre todo para no repetir la historia. Y vamos a dejarnos de cainismos, revanchismos, tomaduras de pelo y victimismos varios. Cuanto antes se acepte la ruptura histórica que estamos viviendo y que ha de completarse cerrando esta segunda transición que se nos está brindando, pues mejor para todos, sobre todo para los socialistas que les está tocando jugar un papel muy importante y es ahora cuando tienen que demostrar su cintura política, su valentía, su capacidad de adaptación y su visión de futuro, si se anclan al pasado no habremos avanzado y no habrán aprendido nada.
El futuro de Marmolejo necesita de todos los grupos políticos, sin excepción, del empuje de toda la sociedad marmolejeña y de la superación conjunta de las diferentes etapas y retos que se nos plantean, todo lo que no sea esto, será estar avocados a repetir una historia de la que no podemos estar precisamente orgullosos. Podemos y debemos hacerlo, en nuestra manos está, en las de todos, aquí solo sobran los que se creen imprescindibles.